Fontaneros y pintores entre las profesiones de alto riesgo de asma ocupacional

Tres millones de españoles sufren de asma y esa cifra podría aumentar en los próximos años, dada la alta prevalencia entre los niños y adolescentes. Mucho se ha hablado de las razones que podrían explicar este aumento de la enfermedad, que apuntan a la occidentalización del estilo de vida -que trae como consecuencia sedentarismo, la obesidad y la exacerbación de la higiene-, como principal causa.

Sin embargo, en el caso de los adultos se han establecido otros factores desencadenantes, que en nuestro país parecen tener una mayor relevancia. Las estadísticas globales sugieren que entre el 10% y el 15% del asma en adultos puede clasificarse como asma relacionada con el trabajo (ART), término que engloba tanto el asma ocupacional (AO), es decir, aquella originada por la exposición a sustancias y entornos nocivos, como al asma exacerbada por el trabajo (AET), que es el asma preexistente, que se agrava por las condiciones laborales. En el caso español, los datos sitúan entre 9% y 20% el riesgo de ART. Asimismo, la prevalencia del AET se estima en 21% entre los adultos, y ha de tenerse en cuenta que un paciente con asma preexistente es susceptible de desarrollar AO después de un tiempo de exposición al trabajo, por lo cual es muy importante la detección temprana.

De acuerdo a los datos arrojados por el Estudio Europeo de Asma (European Community Respiratory Health Survey, ECRHS) cada año se estarían registrando entre 250 a 300 nuevos casos de asma ocupacional, por cada millón de habitantes. La curva ascendente que trazan estos datos preocupa por sus implicaciones sociosanitarias y legales, que ameritan una actuación inmediata.

Para aclarar esta afirmación baste decir que anualmente, el Sistema Nacional de Salud debe asumir un costo promedio de 1.500 euros.

En aras de entender mejor el manejo del AO, se han identificado una serie de agentes causantes, y se han relacionado con las ocupaciones que obligan a una exposición regular a ellos.

Con base en esta información, se consideran ocupaciones de alto riesgo una amplia gama de actividades, por ejemplo:

  • Personal sanitario (enfermeros, ayudantes médicos, farmacéuticos analistas, etc): el uso de guantes de látex, identificado como agente causante, así como la exposición a sustancias como el glutaraldehído y clorhexidina, los convierten en trabajadores vulnerables.
  • Trabajadores de limpieza: es esta caso se trata del contacto regular con agentes irritantes como el cloro y el amoníaco.
  • Fontaneros y pintores de pulverización: estos trabajadores están sometidos a la exposición frecuente con diversos agentes desencadenantes de AO, como el Diisocianato de tolueno, de metileno y de hexametileno, componentes de productos utilizados para el desempeño de sus labores, como por ejemplo, la espuma de poliuretano, los barnices, aislantes y pinturas con pistola, etc.
  • Soldadores y trabajadores de la industria metalúrgica: debido a las sales de níquel, platino, cobalto, cromo y acero inoxidable que se producen como consecuencia de su actividad.

Amén de las medidas sanitarias que puedan implementarse, esta información nos lleva a plantearnos nuevos retos acerca de las industrias químicas y su impacto en el ambiente y la salud. Los avances obtenidos con los nuevos materiales, que garantizan una mayor eficacia y durabilidad, parecen atentar contra la integridad física de quienes día a día están expuestos a ellos. Urge entonces tomar medidas que restrinjan el uso de sustancias bionocivas y estimulen su sustitución por alternativas ecoamigables.

Deja un comentario

Nombre *
Correo electrónico *
Web