Los hombres, un rara avis dentro del mundo de la enfermería

Existe la percepción de que sólo las mujeres estudian enfermería, y de hecho cualquier persona que camine por un hospital observará que la mayoría de enfermeros son del sexo femenino y de que los hombres prefieren otras carreras. Esta sensación está respaldada por los datos, ya que según varios estudios ni siquiera el 10% de los profesionales de la enfermería son varones, razón por la cual muchas veces nos referimos a ellos en femenino y, cuando estamos enfermos, preguntamos por “la enfermera”, pocas veces por el género masculino.

Existe una razón que explica este fenómeno, y es el hecho de que durante años los hombres han podido estudiar carreras más largas y por tanto se matriculaban en medicina, mientras que las mujeres se adaptaban a estudios más cortos y quizá más asequibles, y por ello acababan como enfermeras. Además, para la enfermería se necesita un trato con el paciente excelso y un valor emocional significativo, cualidades que normalmente reinan entre las mujeres, siendo los hombres algo menos empáticos.

Sin embargo, en la sociedad en la que vivimos generalizar es un error y por lo tanto cualquier hombre puede realizar las funciones de una enfermera sin ningún problema, y viceversa. Esto se comienza a apreciar en las universidades y de hecho los estudiantes de este tipo de carreras que son varones han aumentado hasta el 20% del total. Es cierto que aún queda camino por recorrer, sin embargo poco a poco la situación está dando un vuelco.

Aun así, existe todavía un tabú que obstaculiza el acceso de los hombres a la enfermería y que es muy comprensible. Los enfermeros muchas veces tienen que palpar y tocar a los pacientes en lugares algo comprometidos, como los senos o los genitales, de tal forma que si el paciente es mujer, ésta suele preferir que la enfermera sea de su mismo sexo. Este es un pensamiento que poco a poco irá cambiando y permitirá que nos sea indiferente el sexo de un profesional de la enfermería.